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Desde el foso:Las medias medio se despiden

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Desde el foso

 Un sector de la población femenina abandona las medias pantalón y pone en peligro la subsistencia de una prenda cuyos orígenes tienen 2.400 años.

Nadie que haya sido adolescente podrá olvidar la escena de El graduado que consagró las medias femeninas como eterno objeto erótico. Allí, al fondo, aparece el estudiante Benjamin Braddok (Dustin Hoffman) hipnotizado por las piernas de la señora Robinson (Ann Bancroft), progenitora de la que luego iba a ser novia; en el cuarto del motel, la protosuegra, sentada en la cama y doblada la rodilla, se pone lentamente las medias que cubren sus perturbadoras extremidades inferiores. Es una imagen inmortal.

¿Qué varón no soñó a los 21 años, supuesta edad de Ben, con una compañera de cama mayor que él? ¿Qué señora que ronde los cuarenta no ha deseado seducir a un joven universitario? ¿Quién que vio la película no alberga tibios recuerdos de ese par de medias que se deslizan con provocadora dilación?

Vi El graduado en 1968, cuando se estrenó en Colombia. Ya no sueño casi con piernas de señoras, y poco más bien con señoras (sobre todo, si son aún mayores que yo), porque más paso las noches desvelado que soñando. Pero, cuarenta y cuatro años después, tengo aquí metidas las medias de Mrs. Robinson. Para quienes no las hayan visto ni disfrutado, aclaro que hablo de medias sueltas transparentes de seda o material sintético. Medias de las de antes. Pares de medias. Me parece oír el ruido inquietante y sedoso de su roce con el muslo y la pantorrilla de Bancroft y la imagen presentida del liguero ―máximo objeto erótico eterno―, oculto bajo una breve combinación negra.

El secreto que descubrió Michel Nichols, director de la película, no fue la capacidad de conmoción que tienen unas buenas piernas, cuestión que estaba escrita desde los tiempos bíblicos. Lo que atinó fue a destapar al fetichista incurable y al voyeur de ocasión que yacen en el fondo de todos nosotros. Nichols no nos vendió las piernas de Ann Bancroft; ni siquiera nos vendió a Ann Bancroft, tan hermosa toda ella. Nos vendió unas medias y la mirada que arroja sobre piernas y medias Dustin Hoffman.

  Las medias medio se van

Me asaltó esta escena hace poco, al enterarme de que las medias están pasando de moda. En este caso no se trata de las que llevaba la señora Robinson, esas que se quitan y se ponen una por una, sino de un genérico que se refiere más que todo a las medias pantalón. A esas me remito. "La gente está dejando de usarlas, pero no sólo en Bogotá ―me dice una amiga―. Pienso que es una tendencia mundial".

Aunque otras damas confirman la noticia, acudo a una experta. La diseñadora Marta Sofía Isaza me devuelve en parte el alma al cuerpo. "Las medias no están desapareciendo del todo ―asegura―, pero es indudable que las mujeres más jóvenes las llevan cada vez menos". Después me explica pedagógicamente que "en las fiestas, las mujeres se dividen en dos: las de menos de cuarenta o cincuenta años, que las usan muy poco; y las mayores, que raramente prescinden de ellas".

Las más tradicionales ―sean jóvenes o mayores― siguen interesadas en las medias y se preocupan por el color, el brillo, los adornos que lleven. "Es señal de clase y edad", dice Marta Sofía. Y de baja temperatura. Porque ―y esta es una chiva para los varones― las medias, esos fantasmas leves e invisibles, sirven de efectiva protección contra el frío. Otra chiva es que pantalón no mata media. Hay una prenda llamada media-media que sube hasta la rodilla y allí planta; es la compañera del pantalón.

Le pido a la diseñadora un dictamen final: "Las medias ―dice― son como el perfume Chanel 5, que siempre están de moda, pero se acomodan al tiempo".

 
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